Una chica con el extraño nombre de Bojmira voltea su desnudo culo hacia mí. En ese momento no sé qué hacer, más tarde lo busco incesantemente.

Jan Saudek (Año 1966)


Esta fotografía desencadenó la avalancha posterior. La reconocí al instante. Hace años un amigo me dio la postal. Estuvo por mi casa pero en una de las mudanzas desapareció. Ni siquiera recordaba el nombre del artista que la hizo. Tal era mi incultura de la historia de este arte del retrato pero la modelo permaneció para siempre en mis ojos adormecidos.

No se despegó de la memoria. Lo mismo que sucedió con La venus del espejo cuando era un estudiante. Un cuadro imposible de diluirse en el largo proceso del olvido que es el aprendizaje programado. Tal vez la primera espalda turbadora descubierta desde una posición de privilegio que me dio la experiencia después: un paso por detrás del retratista protegido por el lienzo, en el caso de Velázquez; tras el visor de Jan Saudek, ahora. Los ojos vueltos en tensión por la libertad sin pasaporte a la absoluta intimidad. Al mínimo movimiento la ensoñación desaparecerá. Es la diferencia con las imágenes en movimiento, con menos grados de libertad para el espectador. En el lienzo velazqueño la concentración está asegurada en el propio reflejo pero Eine Tanzerin se sostiene en un desequilibrio a punto de la traición por el mínimo roce. La postura es un suspiro, un espejismo que puede romperse antes del siguiente parpadeo. Nada parece lo suficientemente consistente para amparar las caderas inolvidables, las curvas en las que ninguna línea recta se siente tangente. Pura levitación y, a la vez, rendición a la gravedad. No se sabe qué está observando pero ahí se forja la tranquilidad del voyeur que emprende el viaje por el contorno de un cuerpo que rezuma deseo. Las piernas y los brazos vestidos para la desnudez más hermosa. Guantes largos de encaje ocultos tras la cintura y las medias de rejilla que engullen los muslos. Un viaje vertiginoso por las piernas cruzadas con destino final a los tacos dignos del más vocacional fetichista. Imagino que está leyendo, tal vez al Marques de Sade. Sin un espejo y frente a la pared no hay otra forma de ausentarse de su propia silueta. Al final de la página la placa se habrá velado.

Este retrato en sepia fue el detonante de lo que vendría después. Escribí un poema y me sentí tan insatisfecho que no me sirvió una visita fugaz a la obra de Saudek. Caí en la trampa del mirón que regresa a la misma fisura de luz. Amparado en la seguridad de no ser descubierto y conocer la rutina de quien habita al otro lado de la puerta, un excéntrico sin reconocimiento que ha llamado a posar a todas sus modelos, despojándolas de sus ropas o haciéndoles vestir las mismas prendas recurrentes, con los familiares objetos a mano. En un espacio con moho por el que desfilaron durante años todas esas mujeres de diferentes edades y constitución, los hombres, también y los niños llegados al sótano donde un artista se había visto en la obligación de habitar durante siete años tras una ruptura amorosa y convertido en el plató de la infamia universal.

Explica en su autobiografía que fue en 1973 cuando descubrió la pared sin darse cuenta de la importancia que cobraría. Parcheada y con desconchones por la que caía el agua de las cañerías y cuyo sonido era el de la propia conciencia. Por allí desfilaría todo el circo humano a su entera disposición. Previo al muro, descubre la ventana y los hace posar postrados como rehenes de su propio secuestro, un marco abierto a las nubes en tránsito que iluminan los cuerpos abandonados que hay en el interior. Duermen sobre el suelo, se incorporan tras el sueño, están en calma, abrazados por la brisa. A veces, en vez de escapar por ella reciben visitas inesperadas pues no hay mejor lugar para crecer ante el cielo que esa vista adentro que desvela espaldas, contorsiones o charcos formados bajo los muslos que han sentido la soledad. A través de ella, hay una necesidad de encontrar al contrario, masturbarse para hacerle el amor. La pared es diferente, los sentimientos son más fronterizos. El alma no tiene la protección del aire sino del yeso que se empieza a desquebrajar. Saudek, retrata a los que no impone ningún secreto y después los colorea. Resalta las venas y los pezones, maquilla sus mejillas, borra una vagina. Nada es inmoral en su búnker aislado de la sociedad tradicional. El incesto, la pederastia, la blasfemia, la humillación, el suicidio, las cadenas o la monstruosidad son bienvenidos. Todos caben: vírgenes y pecadoras, maltratadores y provocadoras, santos y devotas, putas y chulos, alumnas arrastradas y castigadores, el oro y la codicia, los naipes están bien barajados y a todos nos corresponde una media figura que tiene su contrapuesta en la misma mano.

La desnudez habla de nosotros mismos y el ropaje es el origen de nuestra mentira. Hasta que no prescindimos de la tela pegada la esencia no va a perfumar. Pieles de adolescentes, niñas, madres con el vientre cosido, pechos enormes, celulitis, cuerpos fibrosos y deformes, hombres apolíneos, musculados, con miembros grandes, en contraposición, son más vulgares o se han colado en el paraíso oculto de Jan. Es su fiesta privada y nadie se lo puede negar. El erotismo arranca vísceras y expone a sus intrusos a la absoluta desolación. De cada sesión salen heridas y regresan con una cicatriz. El peso del tiempo es atrayente. El instante debe confrontarse con otro, una década después. Los pliegues ceden al abandono, las arrugas son imprescindibles, la ley de la inercia es el principio del único movimiento. Los pétalos de las flores son el símbolo de la muerte a la que sigue la invisibilidad.

Pero también está la réplica de la vida, la maternidad a la que Saudek rinde una constante adoración. Son los fotogramas de la bondad, los que calman y sacian ante la orgía libertina que el hombre es capaz de desbocar. Un niño en brazos de su padre recuerda a todos que fuimos felices, volando a las alturas. Nos sentimos atraídos hacia la barriga habitada de una madre que pronto adelgazará. La reminiscencia de la infancia aflora y provoca la sonrisa que olvidamos en cuanto echamos a andar. Entonces el depravado fotógrafo se reconcilia con los que no tienen estómago pues él es un hombre germinador con la pasión del que no quiere someterse al olvido que le sobrevendrá.

Durante dos meses consumí las fotografías del genial checo de forma compulsiva. Arrastré todo tipo de personalidad. La censura no tenía cabida. Dejé corromperme por la claustrofobia y respiré en aquella putrefacción. Una noche escribí sobre el culo más maravilloso que querría explorar y esa fue la trampa tendida por un artista embaucador. La adicción ha provocado un libro de más de 300 poemas que me alejaron de cualquier otra inquietud. Sólo la de encerrarme en esa habitación que ha sido la mía y de la que no he querido escapar.

José Ramón Huidobro


Los poemas de esta presentación representan un extracto de La habitación de Saudek que escribí entre los meses de noviembre y diciembre de 2010 bajo el influjo de la obra fotográfica del fotógrafo checo incluida en las galerías de su página web. Todos los derechos de imagen le pertenecen.

My Very First Photograph, 1953

He perdido esa primera mirada

La que me llevó a adentrarme

En el pecho de los humanos

A mis pies despreocupado

El joven dormía

Yo también lo era

Seguía la misma carretera

Y observaba

Cada sombra

Que dejaba atrás la luz

Decidí su perpetuidad

La belleza de lo que aún

No comprendía

Brotaba

De la despreocupación

Quise besarlo

Trazar con tiza su silueta

Encogerme en ella

Cuando desapareciera el recuerdo

El día en el que decidiera

Que yo también

Precisara descansar

PAISAJES EXTERNOS (1956-1970)

Czechoslovakia 1968

La bandera ondeada
No representa al pueblo
Ni al ejército que lo aplasta
Es la del propio pensamiento
Voluble según el viento
Clavada en la cima
De la tierra no conquistada
Por ella no daré mi vida
Ni me dejaré matar
Importa el mártir
Si los demás
Sobreviven
No vale el tanque
Destruye el olvido
Y se hace monumento
En la primavera del país
El frío delata al verano
Y al aliento estanco
Creen en la victoria
Y fueron derrotados
Un hombre solitario
Se olvida el himno
Como buen patriota
No deja invadir
Su memoria


My Father, 1975

La nación de Schiller y de Goethe nunca haría eso. ¡Es imposible!

(El padre de Jan Saudek)


No creía lo que decían de los hombres
De aquel país no podía surgir
El odio exterminador
Las cámaras de gas no eran para ellos
La música y la literatura sí
Nada aberrante
Pura imaginación
Despertó a tiempo
De agarrar a su hijo
Y huir del campo de concentración
Bajo la noche primaveral olorosa
Niños con las manos en la cabeza
Empujados por otros niños
En las fosas
Los supervivientes
Del recuerdo futuro

LA HABITACIÓN DE SAUDEK

Después de un matrimonio fallido acabo en un sótano- justo hasta el momento en el que supero la ruptura-. El wáter inunda sus paredes, por la noche escucho como los pedazos de yeso se desprenden. Permaneceré allí siete años.

Jan Saudek (Año 1970)

Parte 1 (1951-1975): La pared

The Flag, 1972

El desfile de soldados ya acabó
Los viste perfectamente alineados
Uniformados y guapos
Todos pasaron por este lugar
Donde ahora
Apoyas tu cabeza
Alguno de ellos
Con seguridad
Es tu padre
Lo reconociste
Ondeaste la bandera a su paso
Eres fruto de la invasión
Mi piel sobrevivió
A más de una guerra


Balerina, 1973

De mis tiempos de figura
Conservé el zorrillo
Y alguna joya
De los amantes
Que solía coleccionar
Mantengo la esbeltez
El paso de balanceo
Y la palidez en mis senos
Que se irguieron
En épaulement
Sólo mis ojos
Desvelan
El cansancio
Y mi final
Busco partenaire
En los anuncios por palabras
Donde es imprescindible
No saber danzar
Soy consciente
Que el pas de deux
No se resuelve
En soledad


Can You Hear Me?, 1974

Has invadido mi ser
Quiero que te quedes ahí
Para siempre
La perfección absoluta
De mi cuerpo
Es ésta
Cordón umbilical
Que me arrancarán
Cuando arranques a llorar
Y el olor a vida recién parida
Oculté el principio de mi muerte
La putrefacción de mis entrañas
Abandonadas
Que nunca extrañarás


Milan, 1975

Jugar a las mamás y a los papás
Tiene trampa
Ellos no tolerarían
A una hija
Con cigarro y sombrero
Te quitarían la cazadora vaquera
Esa mirada de autosuficiencia
Y el collar de oro de tu cuello
Si jugarás a los papás y a las mamás
Con sus reglas y moral
Tendrías una muñeca en los brazos
A la que mirarías con ternura
Y cantarías una nana
Si él te viera con ese aplomo
Se volvería valiente
Te cruzaría la cara
Y la volvería a despertar

Parte 2 (1975-1985): La ventana

Torso No. 2, Regina, 1976

No es la seda la que moja mi piel
Son mis poros los que exudan la humedad
Los giros alrededor del deseo
El capullo del que nazco
Para convertirme en mujer
Con las alas en el pecho
El ave acuática
A la que se le caen escamas
Y le nacen plumas
Parezco un torso
En un museo de la antigüedad
Y acabo de nacer
De una gota desbordada


The Mother, 1976

A esta piel la abrieron condenada
Extrajeron un llanto
Una y otra vez
Toda la tersura que atesoraba
Ahora son marcas de una lucha desgarradora
Los niños que me nacieron todos
Me los robaron
Ni siquiera probaron mi leche
O los abracé
Soy la diosa de la fertilidad
Me vienen a adorar los paganos
Y se llevan los frutos de mi vientre
A los que crían otras mujeres
Sin cicatrices
Creen en los milagros
De la vida
Sin reventar


Georgetta, 1985

Si quieres llegar al fondo de la cuestión
Tendrás que hacer una pregunta certera
Apenas quieras dar un rodeo
Te habrás perdido para siempre
Y si vas al meollo
Puede que sea peor el destino
Por ello
Te recomiendo
Encuentres la cicatriz
Y no repitas
El mismo error
Que los precedentes
Piénsalo bien
Y dime
Qué harás



New View from My Window, 1985

Después de la eyaculación
Viene la calma
Un nuevo día
El paisaje
Que me pides
Te lo voy a dar
Atisbo
A los hombres
Alejados
De esta habitación
El atardecer
En tu cabello
Y la seguridad
Que me da tu espalda
Amo la vida
Entre estas paredes
Me haces disfrutar
De la luz
Y tu piel
Veo a Dios
Y me sonríe
Dice que sin pecado
Nadie podría
Descansar

Parte 3: La cadena (1986-1990)

Dancers in Paradise, 1986

Esculturas en el viento
Abrazos firmes
La levedad
Es la geometría
Irreductible
El canon de la belleza
Es alado
No se descompone
Parecen danzar
Y se están amando
Equilibristas
En el cielo


The Holy Matrimony, 1987

Cuando el amor se rompe
La violencia inventa las caricias
Cuanto más afilada sea la mano
Y fuerza haya en la embestida
Más seguros estarán los amantes
De tener el corazón limpio
Para el eterno retorno
Y volverse a descuartizar



The Chains of Love No. 3, 1987

La cadena no viste al amor
El óxido en las muñecas
Tiene el color de las alianzas
El amo del calabozo
Se cree el de la casa
Su estatura
Es la del enano con látigo
Es un eunuco en el harén
Lleno de doncellas
Que son una
Y no le pertenece
Puede transformar
Una cama
En celda
Y no podrá retenerla
No se dictamina
La orden amatoria
La excomunión de su cuerpo
Es la penitencia
Más clemente
Su asesinato
La libertad
Eslabones en su boca
La declaración
De lo que unió
Y ahora
Se debe romper



Dedicated to Pierre B., 1988

Soy agua cuando me miras
Al otro lado del espejo
Tus ojos son el fuego
Que me provocan
Mi deseo es mostrarme
Reflejarme en tu lengua
Mis manos se multiplican
Cierro los ojos y me llevas
Estás en el vértice
En calma
Mis espasmos
Reflejan
Tus pupilas
Que acaricio
Como clítoris
En el cristal

Parte 4 (1991-2000): El paisaje interior

Spouter, 1991

Te sacaré las palabras de la boca
Haré que las vomites
Te restregaré la cara en ellas
Y te cegaré con tu propio veneno
Soy la censura
La represión
El poder invisible
Que sólo tú
Y otros desafortunados
Podéis desafiar
Tengo la licencia
De haceros desaparecer
Por el bien del dinero
Y de los poderosos
Que me ordenan
Reprimir cualquier brote
De pensamiento
E individualidad


Victory on The Sea, 1993

El mar de fondo
Las olas encrespadas
Sus bramidos
En la tempestad
Hambre de navíos
Impenetrables
La victoria del mar
Es un acto femenino
Para náufragos
De la penetrabilidad


Goodbye Jan!, 1994

Me gustó siempre el gran calibre
Mi boca se adaptaba muy bien
Si no me disparaban certeros
Mi suicidio no tenía sentido
Soy capaz de dejarme encañonar
Por una magnum 44 y acariciar
El gatillo sin tu ayuda
Me perforarás la nuca
Acabarán mis sesos por la pared
El espectáculo no será apto
Para forenses con estómago
Te encontrarán moribundo
Con el último estertor
Del placer en mis labios
Tragándomelo después


The Abundance, 1999


Soy generosa en mi carne
Me permití el don
De hacer de ella belleza
Acomodo y placer
Puedes probar
La suavidad del tacto
Lamer la frontera
Separadora
Abrir el abismo
Llegar al otro lado
O adentrarte aún más
Descasar las manos
En mi cintura
Castigarme
Como niña mala
Acariciarme
Con ternura
Empaparme
Compartirme
Llenarme
O darme
La espalda
Satisfecho
Dolorido
Y exhausto
Tumbar
Tu cabeza
Y dormirte
Relajado
Después

Parte 5 (2000-2006): La revelación

The Violin Lesson, 2001

Si no consigues esmerarte
Te daré una buena cachetada
La música con sangre entra
Repetición y disciplina
La postura es importante
Hay que afinarte
Practicaste poco
La cuerda vocal
Sincronizada
La percusión en tus nalgas
Es la partitura
Preparada para hoy
Cuanto más grites
Más ganas tendré
De enseñarte la lección
Toma el arco y el violín
Repite hasta la saciedad


Sarah, Summer 2002, 2003

Es la belleza a la que aspiro
El vientre recién nacido
De la mujer germinada
Por mi necesidad de vivir
La sonrisa en calma
Y el pecho expectante
La creación fuera de mí
Naturaleza justa
Creándose en comunión
Es la muerte de un hombre
No despertarse en sus ojos
Toda la vida no sirve
Si no soy capaz de encontrarte
Me cubro de cicatrices
Por cada ilusión deshecha
Me colgaré de un cordón umbilical
Si envejezco
Con el recuerdo de espaldas
Que no se dejaron
Atravesar


Eine Tanzerin, 2003

La mano recorre
Caminos sinuosos
Atravesada
Por los tacos
A sus pies
Cicatriza
En las costuras
De raso
Y circunvala
Temblorosa
El sendero
A la cintura
Firmeza
En el tacto
Indolencia
A su espalda
Amputación
De los dedos
Guillotinada
Muñeca
Fluido
Mortal


Hamlet, Prince of Denmark, 2003


La muerte, aquel país que todavía
está por descubrirse,
país de cuya lóbrega frontera
ningún viajero regresó, perturba
la voluntad, y a todos nos decide
a soportar los males que sabemos
más bien que ir a buscar lo que ignoramos.

“To be or not to be” (Hamlet- W.S.)


Cuando los primeros síntomas de la vejez
Se diagnostican en nuestro hasta ayer cuerpo sano
Asalta el miedo a la rápida descomposición
Al escuchar el idioma interno desconocido
La piel arrugada apenas es la carta de presentación
De lo que por dentro nos asolará
Las vértebras desmoronadas
La sangre no fluida
El corazón en débil latido
O la memoria rota
A través del espejo nos espanta
El otro lado se hace negrura
Y a la vez nos engulle
Comenzamos a escuchar con demasiada frecuencia
La palabra indeseable y no nos parece atractiva
Tanteamos cuál es límite electrizado
A partir del cual el dolor o la pena serán más dañinos
Que la propia inercia por la putrefacción anunciada
Nos vencerá el vacío por delante de nuestros pies
La debilidad en cada paso
Y la soledad ganada a pulso
Los recuerdos como losas
Bajo los que nos sepultaremos
Los amigos en pedazos
Nuestros padres nunca olvidados
Y los hijos no nacidos
Nos acongojará el planeta desahuciado
La ambición que mata poco a poco
Los hombres arrastrados en nuestro breve paseo
El hambre de los ahogados en mares
Los campos esquilmados
Y la imposible lectura de los epitafios
En los cementerios abandonados
Qué habrá en el otro lado
Sino muchedumbre y hedor
O nada
La absoluta nada
El engaño
La estafa
Las almas no existieron
Las religiones desarmadas
Y la risa de un dios falso
Ni túneles del tiempo
Ni la vida ordenada
Remordimientos
Ni siquiera el infierno
El puro olvido
Frío y descarnado
Nadie regresa
Ni lo desearía
La felicidad
Existe
En esa mirada
A través de los ojos
De una calavera
Acariciada
Por la duda
Tiene la respuesta
En la mandíbula
Desencajada
En la fuerza del suicida
Entero e incorrupto
Con las plenas facultades
Impaciente y seducido
Y la firma estampada
Que dice ya está bien
Se acabó
Desvelaré el secreto
Y lo callaré

EL PESO DEL TIEMPO (1974-2004)

Ten Years in the Life of Marketa, 1970- 1980

El cuerpo embellece con el paso del tiempo
Se hace al camino y a sus dudas
Se llena de espinos y barro
Conoce las cicatrices y el abandono
Crece en su protección interior
Se rebela y desangra
Es imposible mantener una relación
Que no sea de odio y desesperación
Con los caprichos de la naturaleza
Son diez años apenas
Mis ojos no son los mismos
Han envejecido en el espejo
No valoran el formidable espectáculo
De la carne haciéndose débil
La preparación metódica
A la irreversibilidad
La obra de arte
Que en una esquela
Maravillará


A Star Is Born, 1982

Sólo cuando el tiempo toma conciencia de mi paso irreversible la luz emigra hacia los hombres apocados por los focos presidiarios. Antes, mucho antes, cuando apenas era una mujer refractante y la densidad de mi piel impedía la transparencia el colapso me amenazó en más de una noche. Nadie reina en el firmamento si no conoce a sus ojos súbditos. Por esa razón preferí a los ciegos. Ellos no le temían al fogonazo y se asustaban al roce inesperado. Les fui envolviendo en mi gasa, uno a uno, hasta que fueron legión fiel, dispuestos a creerse como brota un amanecer. Cierto que las cicatrices me hicieron más esbelta y que por la prohibición atraje también a los que no precisaban de bastones ni perros lazarillos. A ellos les sometí a la prueba iniciática de arrancarles un globo ocular para que supieran su nueva identidad. Después ellos mismos en ceremonias en las que caían en trance se sacaban el otro para no abrasarse en el resplandor. Me exhibía a través del olfato, se arrastraban como perros. Me olían el sexo, las nalgas y se excitaban. Lograba que se aparearan en una orgía de jadeos y mordiscos como lobos hambrientos aullándole a su nuevo sol. Una vez saciados me paseaba entre ellos y los lamía cual hembra a sus cachorros heridos. Fui consciente de la locura que había provocado cuando vi que la luz era completamente innecesaria en el recorrido de los supervivientes. Había nacido un monstruo sin escrúpulos. Una estrella de la maldad en el momento y lugar adecuado. Los niños recién nacidos tenían las cuencas vaciadas pues así era el rito del bautizo en la nueva revelación que deberían profesar.


Temptation of St. Anthony, 1983

Las manos siempre inquietas
No pueden contenerse
Al capricho del tacto
Puedes hacer del terciopelo
Un abrigo para tus dedos
O abofetearme
Como el humo
Devora tus pulmones
Y después lo exhalas
Envolviéndome
En tu aliento
Entre la caricia
Y el daño
Escoges
La trampa
De tus puños
En mi seda


White Flesh Merchant, 1997

Material de primera calidad
Recién llegado de los barrios bien
Esmerada educación
Máster en dirección de empresas
En universidades norteamericanas
Conoce el vicio a la perfección
Pasó todos los controles de calidad
Garantizo este ejemplar personalmente
He sobrevivido a la trata de blancas
El tráfico clandestino se acabó
Ahora echan sus currículos
Pasan entrevistas
Y acceden a prácticas baratas
Nunca fueron tan cultas
Y tan perversas
Si la adquieres
No te arrepentirás
Y cuando se haga obsoleta
Te la cambiaremos
Por un módico precio
Con dinero
Nunca te faltará
Carne fresca
En tu salón

REMINISCENCIAS (1960- 1970)

First Steps, 1963

El animal más torpe de la naturaleza
Tarda en dar sus primeros pasos una eternidad
Otros salen del vientre materno y echan a correr
El instinto de la supervivencia y la depredación
Apenas le amparan un período de protección
Tarda mucho en gatear
Camina con torpeza
Y le albergan en un sólido caparazón
Los primeros pasos de un bebé
Marcan el inicio del ritual
Soltarlos de la mano
Dejarlos escapar
Que no regresen jamás
Ahorrarles el sufrimiento
De la vulnerabilidad
Los hijos deben aprender
A vigilar sus pasos atrás
Olvidamos esto
Los hicimos débiles
La teoría de la evolución
Dirá que los pies sobran
El horizonte estará de más

Life, 1966

No he alcanzado la perfección aún
El hueco de mi pecho
Se ha hecho muy profundo
Esperándote
El tacto en tu nuca
Lo preciso
La delicadeza extrema
La confianza
De una mujer
Para entregarme
Tu cuidado
Mi compañera
Con ojos y alma
Soy un ser sin brazos
Se me han caído
Todos los hijos
Al cielo


David, Lonely Forever, 1969

Debía de tener la misma edad que David. Intuía la necesidad de recorrer. Cuando me enfadaba presentía que podía irme lejos, a otro país. El mío era Alemania. No se entiende que un niño de cuatro años pueda querer emprender un largo camino para encontrar su lugar en el mundo. Seguramente la televisión, los comentarios de los mayores o la innata e irrevocable imaginación. Era evidente que aunque no hubiera mapas sabría llegar. Faltaba la excusa, algo hecho mal, una advertencia de mi madre y ese orgullo innegociable que un recién venido al mundo es capaz de reforzar. Me voy, le dije. No hay marcha atrás. Fue entonces cuando ella actuó con resignación, segura de su derrota sobre un ser con fuerte convicción. Te ayudaré, me dijo. Sacó una maleta pequeña (que en realidad era su neceser de viaje) y me preparó lo imprescindible. Nunca había viajado solo, así que me dejé ayudar. Una muda, un pantalón, una camiseta, cepillo de dientes, unas monedas y nada más. Pretendí mis juguetes pero no entraron en la negociación. Se quedan aquí, para eso los compré yo. Había que viajar rápido y el peso sería innecesario. Yo la miraba con estupor, a la vez que empezaba a pensar en lo que se me avecinaba. Cerró mi equipaje y me lo dio en la mano. Luego me acompañó hasta el ascensor. Mis piernas aún avanzaban. Me decía que si quería volver siempre tendría la casa, que lo pasara bien y que aprendiera mucho. No veía un síntoma de debilidad en su expresión. Me abrigó y me dio un beso de despedida, ya estaba en el rellano de la escalera cuando con un último saludo cerró la puerta y me dejo a solas con mi decisión. No creo que pasara un minuto ni diera un paso hacia el exterior. Toqué la puerta y la frontera se volvió a cerrar.


(A mi madre, que ideó esta maquiavélica lección)

LA CARTA DE DESPEDIDA













Medallion, 1970

La reliquia en la palma de la mano
El ídolo al que rezo
Cuando la artrosis
Impide la furia
Las líneas de la vida
La cabeza y el corazón
Aún le atraviesan
Mi puño
Es un cementerio
Lleno de espinas
Cuando lo cierro



The Letter, 1975

Contemplé las almas y me devolvieron la luz que esperaba. Estoy satisfecho con lo que alcancé. Apenas salí de un sótano y no pude ser más afortunado. Pude morir en la absoluta soledad y, sin embargo, siempre estuve acompañado. Con apenas una ventana, la luz y los pliegues de la piel construí mi obra en absoluta libertad. La secuencia llega a su fin. Los ojos se llenaron de la vida y ahora es momento de sellarlos satisfecho. No dispararé más a las sombras de la pared. Pronto será derribada. Suerte que fui fotógrafo. Doy gracias por ello. Moriré seguro en la oscuridad, donde ocurrieron todos los milagros que en tus pupilas se revelarán.



José Ramón Huidobro

Escrito en Madrid entre noviembre y diciembre de 2010